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sábado, 30 de marzo de 2013

Sentidos

«Pareja», óleo de Juan Barco

Quiero con mis sentidos descubrirte.
Mirarte, para aprender las múltiples formas que componen tu cuerpo.
Besar tu boca para saborearte.
Quedarme en silencio, apoyada en tu pecho,  para sentir la música de tu corazón.
Acariciarte, para que mis dedos descubran la textura de tu piel.
Aspirar lento, para llenar mis pulmones de ese perfume tan tuyo.
Quiero sentirte, quiero descubrirte, quiero grabarte en mi mente,

 para así tenerte siempre conmigo, estés donde estés y aún cuando ya no estés.

Buena fibra©

miércoles, 27 de febrero de 2013

Y sigo...



                                           «Mujer escribiendo», óleo de Thomas Pollock
Y sigo…
Sigo escribiendo, poniendo palabras en el papel, en las hojas de mi cuaderno rojo. Palabras que se acomodan en los renglones y cuentan cosas, expresando sentimientos cuento mi historia, pequeñas muestras de mi vida,  lo que veo,  lo que siento.
Y mi mente trabaja, buscando dar forma a las oraciones, tratando de encontrar las palabras justas para formarlas, buscando la mejor expresión para que se entienda.
 Mi corazón desparrama sus sentimientos, los malos y los buenos, los que me llenaron y llenan, los que en algún momento me dejaron un vacio irremediable, todos ellos son los que expreso.
Y seguiré, llenando de letras bailarinas mi cuaderno, formando con ellas palabras, palabras simples que en simples frases puedan narrar todo esto que viví y sentí, todo esto que vivo y siento y seguramente todo lo que viviré y sentiré.
No sé si alguna vez llegará más allá, no sé si serán leídos por muchos más de los que ahora los leen, yo solamente sé que las palabras salen de mi y solas se acomodan en este cuaderno llenando poco a  poco sus hojas.

Buena fibra

lunes, 18 de febrero de 2013

Se suponía ellos eran mis padres


                                                      «Mi vida: Revelación», óleo de Ana Pardo

Se suponía que serían mi apoyo,  mi compañía, que compartirían mis tristezas y alegrías, que cuando los necesitara allí estarían, se suponía, se suponía, se suponía.
Pero no, todo quedó en suposición. Un día, en medio de la tormenta se alejaron, me dejaron sostenida en una endeble tabla y partieron para no volver.
Yo pensé que volverían, que algo les había pasado y que luego de pensarlo regresarían y estarían aquí y todos los días yo suponía, pero no, la suposición no se asemeja a la realidad.
Y aquí estoy, sigo de pie, con mi vida y ya no presumo nada, ahora camino mirando hacia adelante.
Ya está, ya fue, todo lo que debían hacer no lo hicieron.  Pero  hay alguien superior que en el medio de la tormenta y la inundación coloca más tablas y troncos, algunos conocidos, otros nuevos, algunos más lejanos y otros más cercanos y yo me aferré a cada una de ellos y ahora floto tranquila.
Descubrí que lo que simplemente hay que hacer es vivir, solamente vivir minuto a minuto sin suponer que alguien hará algo que debería hacer, porque como dice la canción "la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida" y yo de ahora en más, para bien o para mal me dejo sorprender cada día.

Buena fibra©

miércoles, 6 de febrero de 2013

Parada frente a ti




Me paro frente a ti
Tratando de observarte 
Aunque no te vea.
No tienes rostro
No tienes cuerpo
Solo tengo tu voz
Solo tengo tus palabras.

Parada frente a ti
Tratando de observarte 
Aunque no te veo.
Siento tu respirar
Siento tus manos
Deslizarse suavemente por mi cuerpo.
Tus dedos juegan con mis cabellos.
Tus labios me rozan acariciando mi rostro.
Delicadamente me transportas
A mundos imaginarios
Cargados de amor y deseo.

Parada frente a ti
Tratando de observarte
Aunque no te vea.
Me quedo quieta
Muy quieta esperando
Que vengas a mi
Para hacerme sentir
Que es posible,
Aun sin volar,
Llegar hasta el cielo.

Buena Fibra©

lunes, 14 de enero de 2013

¿Qué hago si tanto te siento?


No sé qué hacer con este sentimiento, el solo pensarte hace temblar cada milímetro de mi cuerpo.
Te pienso y te siento tan cerca de mí, tan pegado a mí,aun cuando mi cabeza sabe que estas muy lejos.
Tu simple hola en las mañanas es suficiente para hacer mi día mejor.
El saber que estas ahí conectado del otro lado es mi más dulce compañía en mis solitarios momentos.
Y me imagino que estas acá, sentado junto a mi  y ese es mi más grato sueño.
Si yo tuviera una mínima posibilidad, si pudiera pedir un deseo, sería el de pasar un momento, uno solo a tu lado para así poder quedar impregnada de vos y tenerte más completo en mi y de esa manera dejarte tatuado en todo mi cuerpo.
Imagino ese momento y mi deseo es infinito si tan solo se me pudiera cumplir ese sueño sé que sería la mujer más feliz.
Y me duele la situación en la que estoy, el no poder expresar abiertamente lo que siento, el no poder hacer que sepan que soy feliz cada vez que te veo.
La vida caprichosamente nos juega malas pasadas y yo quizás en otro momento la habría dejado pasar pero algo en vos me hace no poder pensar y me lleva a solamente a sentir y sentirte de esta grata forma en que te siento.
Solamente, sé ahora que te quiero y no quiero dejarte y no quiero perderte y quiero guardar todo este sentimiento en el silencio de mi corazón, en las imaginarias caricias que le das a mi cuerpo.

De buena fibra

miércoles, 2 de enero de 2013

Me gusta



         «Abrazos», óleo de Enrique Builelo

Me gusta apoyar mi cabeza en tu pecho y sentir tu corazón latiendo allí adentro.
Me gusta como tus brazos rodean mi cuerpo.
Me gusta como tu mano acaricia mi espalda y como tu mano juega con mi cabello.
Me gusta sentir tu tibia respiración rozando mi frente.
Me gusta con mis manos recorrerte.
Me gusta cerrar mis ojos y con mis dedos reconocer tu rostro.
Me gusta pegarme a tu cuerpo y sentir tu calor en mi piel.
Me gusta colocar mi pierna entre tus piernas.
Me gusta, me gusta, cuando estamos los dos, abrazados, simplemente abandonados al tiempo.


Buena fibra© 

domingo, 9 de diciembre de 2012

Te quise, te quiero y te querré


¿Se acuerdan hace unos años atrás cuando solamente nos preocupábamos por conseguir la figurita que le faltaba a nuestro álbum? por decidir que pedir de regalo para navidad? por tener buenas notas para poder salir el sábado? por pensar cómo iba a ser el próximo capítulo de la novela? por averiguar si ese chico gustaba de mi o no y cómo hacer para conquistarle? y pasaron los años y las preocupaciones cambiaron, las figuritas se transformaron en facturas guardadas como tesoros en una caja para acordarnos si se vencieron o no, ya no pedimos regalos para navidad, ahora los compramos y lo que pensamos todo el año es como juntar el dinero para hacerlo, las notas se transformaron en buenas asistencias, en buenas notas laborales, buenas referencias para lograr ya no salir sino mantenerse y en lo posible ascender, ya no pensamos en el próximo capítulo de la novela si no en el próximo capítulo de nuestras vidas, ahora no buscamos tanto conquistar a otros sino conquistar nuestras metas para transformarlas en logros. Así es nuestra vida ahora, vida de adultos y pensamos porque tenía que crecer? ¿no podía quedarme siendo siempre niño? No,  no podemos y es bueno crecer, es lindo porque a pesar de todo lo feo que la vida nos da también nos da alegrías, enseñanzas y es a eso que nos tenemos que aferrar.
Notaron que cuando nos encontramos con alguien ante la pregunta ¿cómo estás? nadie dice: «muy bien» o  «tengo problemas, pero lo importante es que estoy vivo»
Dejamos de expresar cariño, no le decimos a la gente te quise, te quiero y te querré, te quise cuando formaste parte de mi vida y nos reímos y jugamos juntos.  Te quiero porque cuando me acuerdo de vos en mi rostro se dibuja una sonrisa y te querré porque sé que siempre vas a estar en un lugar de mi corazón formando parte de mi vida.
Yo hice la prueba con algo, no, no les voy a vender nada jJajaja!  en el peor momento de mi vida en vez de esperar los cariños de los demás fui yo a darlo, me solté y comencé a desparramar te quieros a todas las personas que quise, que quiero y que querré y de a poco el amor de mis amigos comenzó a volver hacia mí y fue la fuerza que me ayudó a salir adelante, a estar acá sentada escribiendo, fueron quienes volvieron a dibujar sonrisas en mi rostro.
Bueno,  entonces como a mí me paso y lo disfruto y me ayuda a salir de mis bajones les propongo  «la campaña del te quise, te quiero y te querré»  y comencemos a desparramar amor, creo que eso nos está faltando, estamos aquí sumidos en nuestros problemas y nos olvidamos que la mejor cura para nuestros males es el amor.
Por eso yo comienzo ahora:


¡LOS QUISE, LOS QUIERO Y SIEMPRE LOS QUERRÉ! ¡GRACIAS POR TODO LO QUE ME DIERON A LO LARGO DE MI VIDA!


Buena fibra©

martes, 6 de noviembre de 2012

Mis tres puntos

        «La niña enferma», óleo de Coriolano Leudo

¿Quién de chico, de los que ahora ya somos adultos, no pasó alguna vez por el temido momento de la sutura?
Y si, yo pasé por ese momento.
Mis abuelos en el patio de su casa tenían una mesa y bancos revestidos con pequeños pedacitos de azulejos de colores y mi juego consistía en dar vueltas alrededor de la mesa pasando de banco en banco.
La mesa era redonda y los bancos semicirculares seguían su contorno perfectamente lo cual facilitaba el recorrido en un excelente círculo.
De nada valían las advertencias de mis abuelos: “te vas a caer”, “te vas a caer”, “bajate de ahí”. No sé en qué momento fue, pero recuerdo haber aterrizado en el piso, el cual por cierto era muy duro y de áspero cemento.
Mi abuela llegó en el acto atraída por el ruido, yo me puse de pie, no sentí el dolor en ese momento, pero si vi un charco de sangre sobre el portland.
Mi abuelo sacó el auto y ahí nomas partimos al doctor.
Eran otros tiempos, nada de anestesias, ni cirugías plásticas, una aguja como las de coser de mi abuela, que para mi recuerdo era enorme, enhebrada con un hilo y ahí nomás cosió, luego me colocó una venda tan grande y blanca que delataba mi travesura.
A la salida del hospital mi abuela cumplió su promesa, “si te portas bien, te compro un chocolate y una muñeca”. Bueno,  bien valía el portarse bien.
Volvimos a la casa, yo con mi gigantesca barra de chocolate y mi muñeca negra, los cuales también sirvieron para hacerme cumplir mis promesas de portarme bien a la hora de las inyecciones. Me hicieron meter en la cama. Al rato llegó la ejecutora de las inyecciones, María se llamaba, aparecía siempre a la hora señalada con una cajita de acero plateada que yo escuchaba tintinear antes que la viera, la jeringa era de vidrio y tenía una larga aguja los cuales se hervían antes de realizar la ejecución, aun recuerdo como dolían esas inyecciones, imposible sentarse cómodo hasta después de un tiempo.
Y hoy sigo viendo en mi mentón, justo debajo de mi pera, esa cicatriz blanca, una línea blanca con unas rayas que la atraviesan como si alguien hubiera realizado el mismo zurcido que en un pantalón, tres puntos que marcan lo caras que a veces cuestan las travesuras a los cinco años.


De Buena fibra©

 

viernes, 19 de octubre de 2012

Angélica

  "Niña con bicicleta y sombrilla" , óleo de Sandra Suarez

Se levantó como todos los días.
Se vistió, tomó su desayuno y emprendió el viaje hacia su trabajo.
Lo esperaba un nuevo día de tediosa rutina.
Era verano, el clima agobiante afuera. Durante la noche había llovido y ahora el sol implacable levantaba todo el vapor de los charcos tocados por sus rayos.
La gente caminaba apresurada, todos con caras que en nada reflejaban alegría.
La ciudad despertaba, los vehículos aumentaban en cantidad y todo eso lo agobiaba aún más.
Llego a su oficina, revisó una montaña de papeles, acomodó carpetas, atendió llamadas. Eso era lo que hacía día tras día.
En un momento giró la vista sin mirar y sus ojos se toparon con un marco, en el la foto de una niña le sonreía.
Lo tomó, observó detenidamente el retrato, lo acarició con la punta de su dedo y se le dibujó una tierna sonrisa, seguida por una lágrima que brotó de sus ojos y se deslizó suave por su rostro.
Recordó todos esos momentos vividos.
Sus juegos en la plaza, los paseos, los cuentos que le contaba antes de ir a dormir.
Todos se agolparon en su mente queriendo salir.
Recordó el momento exacto en que la perdió.
Ella en su bicicleta rosa, su cabello negro y lacio, su jardinero a cuadros, le sonreía y lo llamaba.
- ¡Papá, papá, puedo andar sola en bicicleta!
- ¡Te veo hija, te veo! – contestaba él mientras ambos se regalaban la más tierna de las miradas.
Maldijo en voz alta el momento en que le regaló la bicicleta, el momento en que la llevó a la plaza para que aprendiera a usarla, el momento en que se distrajo y todo ocurrió.
Sus lágrimas ahora corrían de prisa por su rostro, su corazón volvió a partirse en mil pedazos.
Sintió que la oficina se achicaba hasta aplastarlo, sensación de asfixia, tengo que salir de acá, se dijo.
Tomó apresurado su saco, abrazó el portarretratos y partió.
Caminó sin ver, sin saber pero sabiendo a donde iba.
Caminó sin cansarse, no sentía sus piernas, tropezaba con la gente y seguía.
Llegó al lugar, nunca había podido ir allí, ni siquiera sabía el lugar exacto en el que estaba, pero sintió como una mano suavemente lo empujaba.
Se detuvo.
Como si hubiese sido un designio dado por los padres leyó el nombre grabado en la piedra, Angélica.
Se arrodilló. Las únicas palabras que pudo pronunciar fueron – perdón hija, perdón por no haberte cuidado como debía.
Sintió una suave caricia en su cabeza.
- Papá, no fue tu culpa – escucho clara la voz de su hija.
- ¡Hija, Angélica!, ¿Dónde estás? – sobresaltado preguntó.
- Papá, aunque no me veas yo siempre estaré con vos, estoy en tu corazón.
- Hija, ¡te quiero!.
- ¡Yo también papá!, y estoy, estoy acá y en todos los lugares que estés por siempre.


De Buena fibra©

 

miércoles, 10 de octubre de 2012

Alma del bosque

             Liruela: Óleo «Amanecer en el bosque»

Caminando, en un camino de tierra, sin sentido ni rumbo fijo, sin tiempo, sin saber si era real o imaginario, zigzagueando por un bosque oscuro. Grandes árboles alrededor, la luz apenas podía traspasar sus copas y se metía con sacrificio entre las hojas. Era difícil poder orientarse en el lugar, simplemente quedaba seguir el camino marcado y andar.
El aire se sentía pesado, olor a tristeza y humedad, las hojas y ramas crujían con los pasos y junto al sonido del viento en las copas eran los únicos que se podían escuchar.
Sombras negras en un paisaje negro, no se podía encontrar allí una salida, todo era bosque y al caminar hacia su corazón todo se volvía mas lúgubre, el aire era irrespirable, en su mismo centro.
Sentada en ese suelo húmedo,  alfombrado de hojas y musgos, apoyada en un tronco áspero que se hacía sentir en  la espalda, una figura allí estaba, los ojos cerrados, no se sabía si durmiendo o pensando. Una figura negra que se confundía con las sombras del bosque.
A lo lejos, una pequeña luz, muy despacio se acercaba, una luz blanca y brillante y a su paso el paisaje cambiaba.
Poco a poco, y a medida que avanzaba,  la luz tomaba forma humana.
Una figura blanca a la figura negra lentamente se acerca. Extiende su mano y acaricia apenas rozando su cabeza.
La figura negra, ahora despierta,  se incorpora y ambos se funden en un abrazo que a todo el bosque transforma, la luz ahora es plena, se siente como si arriba se hubiese disipado una gran tormenta.
El bosque escuro cambia totalmente, el aire ahora es puro, los rayos de sol pasan libres entre  las copas y con las hojas juegan, el suelo se transforma en una verde alfombra y los pájaros tranquilos vuelven a los nidos.
La paz, la calma, el color y todo lo bello a ese oscuro bosque regresan de la mano de una caricia que simplemente rozó una cabeza,  como un pequeño toque al alma de ese bosque tan negro.

Buena Fibra©


 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Así se hizo el silencio

                 «Paraguas en el silencio», óleo de Edwin Rojas

Y un día les pregunté algo, un algo de lo que no obtuve respuesta. Y llegó el silencio, los días pasaron y la promesa de después te llamo y hablamos pasaron con ellos. Y los días fueron semanas, las semanas meses y se convirtió todo en un año.
Un año sin noticias. Sin saber nada. Y no sé por qué no me sorprendió.
Es que yo en el fondo sabía que mi decisión tomada llevaría a eso, al silencio, sabía que no sería respetada ni aceptada y el silencio se hizo.
Y lo extraño fue que no me causó dolor, no me preocupó, es que en el fondo esperaba que en algún momento esto pasara. Yo soy distinta a ellos, no pienso igual, me crié de otra manera, en otro lugar, y ellos nunca me conocieron.
Yo era la rara de la familia, la del pensamiento distinto, la más preocupada por los sentimientos, la que escondía, siempre que podía, su apellido  para no ser comparada, a la que no le preocupaba el origen de los demás, la que en su familia no era bien aceptada. No respondía a lo que ellos me imponían.
Nunca conocieron mis historias de amor, nunca supieron de mi dolor, nunca se dieron cuenta de que algo me pasaba,  nunca notaron que alguien a mis dieciséis años me convirtió en adulta sin yo quererlo.
Y ahora ya estoy sin familia y no me pesó ni me pesa, lo único que causa es el pensar en si es bueno o malo no sentir y me convenzo que en verdad no es malo porque el sentimiento debe ser recíproco para que sea verdadero y porque cuando puse todo de mi sentir en ellos no los sentí.
Aún ahora ya totalmente adulta, ellos siguen ignorando mi historia, tuvieron una hija a la que no conocieron y ya es tarde, el tiempo jamás vuelve atrás y yo tampoco deseo mover las agujas del reloj en el sentido opuesto.


De Buena fibra, Mafiqui

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Te veo y escucho...

               «Amigas», óleo de  Anouck Caron 
       
                   a Huella

Te veo y escucho,
tiendo mi mano para ayudarte.
Te hablo y explico,
y me duele de tus pozos no poder sacarte.

Me mantengo a tu lado,
por momentos en silencio,
que no es más que mi forma de acompañarte.

Trato de hacerte reir,
quiero montones de carcajadas sacarte.
Tus momentos de tristeza
me recuerdan a mis momentos de tristeza
 y es por eso que intento
 de alli sacarte.

 No quiero, simplemente no quiero
 que seas vos otra alma en pena
y es por eso que te prometo
y es por eso que me prometo
 que voy a seguir cada dia
tratando de colgar
en tu alma carcajadas
 que en tu rostro sean signos de plena alegria.

Mafiqui

jueves, 30 de agosto de 2012

Abuelo

      «Las manos de mi abuelo», óleo de Ignacio Martínez Vergara

 -Vamos remolona, a levantarse.
Esas eran las primeras palabras que escuchaba en la mañana, abría mis ojos y estaba allí, una sonrisa, sus iluminados y pícaros ojos celestes y una gran bandeja con mi desayuno.
-Vamos, vamos. Tomá todo el desayuno, vestite y vení que te espero.
Recuerdo esa enorme taza blanca con una guarda, llena del más rico mate cocido, mis bizcochos con queso y dulce de batata y en un rincón algo, un pequeño regalo, lápices de colores, paquetes de figuritas, un juguete.
Terminaba mi desayuno, me vestía y salía a su encuentro.
Allí estaba, junto al mostrador
-¿Qué haces abuelo?
-Acomodo las monedas – me decía
-¿Te puedo ayudar?
Primero era un no, luego giraba la cabeza y al ver mi cara de desilusión me acercaba un puñado de monedas
-Bueno, buscá las que son iguales y armá pilitas altas como estas.
Yo feliz cumplía la tarea, ahí a su lado, sintiendo el olorcito dulce de su cigarro, ese que prendía y siempre descansaba en el cenicero.
-No hay más abuelo.
-No, ya las acomodamos a todas -me respondía.
-Abuelo, ¿hoy viene el señor de las figuritas?
-Sí.
-¿Me puedo fijar si hay un vale con premio?
-Bueno.
Y allá partía, sacaba la caja del mostrador, y él sabía lo que yo pensaba hacer, me sentaba en el piso y allí abría uno a uno los paquetes, las figuritas se iban amontonando y la caja ya estaba casi vacía.
-¿Y? -me preguntaba
-No está abuelo -contestaba mientras seguía con mi tarea
-¡La encontré abuelo, la encontré! -Y corría a mostrarle el tesoro con una gran sonrisa -¿Se la vas a dar al señor cuando venga así me trae mi premio?
-Sí, claro, la dejamos acá para dársela cuando venga.
Y así transcurrían mis días. Aun hoy recuerdo el olorcito de su cigarro, el sabor del mate cocido con bizcochos con queso y dulce de batata. Y aun hoy recuerdo sus ojos celestes, casi transparentes, con su mirada tierna y cómplice avalando mis travesuras por ahí.
Te fuiste pronto abuelo, pero me dejaste tanta ternura y tan hermosos recuerdos, que aún hoy te sigo extrañando.


De Buena Fibra