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jueves, 12 de enero de 2012

Viaje al mundo de los sueños

Helena acudía, en carro de caballos, al país donde se sueñan los sueños. A su lado, también sentada en el pescante, iba la perrita Pepa Lumpen. Pepa llevaba, bajo el brazo, una gallina que iba a trabajar en su sueño. Helena traía un inmenso baúl lleno de máscaras y trapos de colores.

Estaba el camino muy lleno de gente. Todos marchaban hacia el país de los sueños, y hacían mucho lío y metían mucho ruido ensayando los sueños que iban a soñar, así que Pepa andaba refunfuñando, porque no la dejaban concentrarse como es debido.

Eduardo Galeano




Los sueños olvidados

Helena soñó que se había dejado los sueños olvidados en una isla.

Claribel Alegría recogía los sueños, los ataba con unacinta y los guardaba bien guardados. Pero los niños dela casa descubrían el escondite y querían ponerse lossueños de Helena, y Claribel enojada les decía;

- Eso no se toca.Entonces Claribel llamaba a Helena por teléfono y le preguntaba:

- ¿Qué hago con tus sueños?


La casa de las palabras

A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran, que las lamieran. Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la nariz. Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido.
En la casa de las palabras había una mesa de los colores. En las grandes fuentes se ofrecían los colores y cada poeta se servía del color que le hacía falta: amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre, rojo sangre, rojo vino ... 

Eduardo Galeano

El país de los sueños

Era un inmenso campamento al aire libre.

De la galera de los magos brotaban lechugas cantorasy ajíes luminosos, y por todas partes había gente ofreciendo sueños en canje. Había quien quería cambiar un sueño de viajes por un sueño de amores, y había quienofrecía un sueño para reír en trueque por un sueño parallorar un llanto bien gustoso.

Un señor andaba por ahí buscando los pedacitos deun sueño, desbaratado por culpa de alguien que se lohabía llevado por delante: el señor iba recogiendo los pedacitos y los pegaba y con ellos hacía un estandartede colores.

El aguatero de los sueños llevaba a agua a quienessentían sed mientras dormían. Llevaba el agua a la espalda, en una vasija, y la brindaba en altas copas.

Sobre una torre había una mujer, de túnica blanca,peinándose la cabellera, que le llegaba a los pies. El peine desprendía sueños, con todos sus personajes: Los sueños salían del pelo y se iban al aire

Eduardo Galeano 


El arte para los niños

Ella estaba sentada en una silla alta, ante un plato de sopa que le llegaba a la altura de los ojos. Tenía la nariz fruncida y los dientes apretados y los brazos cruzados. La madre pidió auxilio:
—Cuéntale un cuento, Onelio —pidió—. Cuéntale, tú que eres escritor.
Y Onelio Jorge Cardoso, esgrimiendo una cucharada de sopa, comenzó su relato:
—Había una vez una pajarita que no quería comer la comidita. La pajarita tenía el piquito cerradito, cerradito, y la mamita le decía: ¨Te vas a quedar enanita, pajarita, si no comes la comidita¨. Pero la pajarita no hacía caso a la mamita y no habría su piquito...
Y entonces la niña lo interrumpió:
—Qué pajarita de mierdita —opinó.

Eduardo Galeano

El arte desde los niños

Mario Montenegro canta los cuentos que sus hijos lecuentan.Él se sienta en el suelo, con su guitarra, rodeado porun círculo de hijos, y esos niños o conejos le cuentan lahistoria de los setenta conejos que se subieron uno en-cima del otro para poder besar a la jirafa, o le cuentan lahistoria del conejo azul que estaba solo en el cielo: unaestrella se llevó al conejo azul a pasear por el cielo, y visitaron la luna, que es un gran país blanco y redondoy todo lleno de agujeros, y anduvieron girando por elespacio, y brincaron sobre las nubes de algodón, y después la estrella se cansó y se volvió al país de las estrellas, y el conejo se volvió al país de los cone jos, y allícomió maíz y cagó y se fue a dormir y soñó que era unconejo azul que estaba solo en medio del cielo.


Eduardo Galeano


Celebración de la fantasía

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había despedido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, por que la estaba usando en no sé que aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.

Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas y no faltaba los que pedían un fantasma o un dragón.

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba mas de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:

-Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo

-Y anda bien -le pregunté

-Atrasa un poco -reconoció.