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viernes, 13 de enero de 2012

Sabras que no te amo y que te amo....

Sabrás que no te amo y que te amo
puesto que de dos modos es la vida,
la palabra es un ala del silencio,
el fuego tiene una mitad de frío.

Yo te amo para comenzar a amarte,
para recomenzar el infinito
y para no dejar de amarte nunca:
por eso no te amo todavía.

Te amo y no te amo como si tuviera
en mis manos las llaves de la dicha
y un incierto destino desdichado.

Mi amor tiene dos vidas para amarte.
Por eso te amo cuando no te amo
y por eso te amo cuando te amo.

Pablo Neruda

Oda a la pobreza

Cuando nací,
pobreza,      
me seguiste,
me mirabas
a través
de las tablas podridas
por el profundo invierno.      
De pronto
eran tus ojos
los que miraban desde los agujeros.
Las goteras,      
de noche, repetían
tu nombre y tu apellido
o a veces
el salto quebrado, el traje roto,      
los zapatos abiertos,
me advertían.
Allí estabas
acechándome      
tus dientes de carcoma,
tus ojos de pantano,
tu lengua gris
que corta      
la ropa, la madera,
los huesos y la sangre,
allí estabas
buscándome,      
siguiéndome,
desde mi nacimiento
por las calles.

Cuando alquilé una pieza      
pequeña, en los suburbios,
sentada en una silla
me esperabas,      
o al descorrer las sábanas
en un hotel oscuro,
adolescente,
no encontré la fragancia      
de la rosa desnuda,
sino el silbido frío
de tu boca.
Pobreza,      
me seguiste
por los cuarteles y los hospitales,
por la paz y la guerra.      
Cuando enfermé tocaron
a la puerta:
no era el doctor, entraba      
otra vez la pobreza.
Te vi sacar mis muebles
a la calle:
los hombres      
los dejaban caer como pedradas.
Tú, con amor horrible,
de un montón de abandono      
en medio de la calle y de la lluvia
ibas haciendo
un trono desdentado      
y mirando a los pobres
recogías
mi último plato haciéndolo diadema.      
Ahora,
pobreza,
yo te sigo.
Como fuiste implacable,
soy implacable.      
Junto
a cada pobre
me encontrarás cantando,
bajo
cada sábana      
de hospital imposible
encontrarás mi canto.
Te sigo,
pobreza,      
te vigilo,
te acerco,
te disparo,
te aislo,
te cerceno las uñas,      
te rompo
los dientes que te quedan.
Estoy
en todas partes:      
en el océano con los pescadores,
en la mina
los hombres
al limpiarse la frente,      
secarse el sudor negro,
encuentran
mis poemas.
Yo salgo cada día      
con la obrera textil.
Tengo las manos blancas
de dar pan en las panaderías.      
Donde vayas,
pobreza,
mi canto
está cantando,
mi vida      
está viviendo,
mi sangre
está luchando.
Derrotaré
tus pálidas banderas      
en donde se levanten.
Otros poetas
antaño te llamaron
santa,      
veneraron tu capa,
se alimentaron de humo
y desaparecieron.
Yo te desafío,      
con duros versos te golpeo el rostro,
te embarco y te destierro.
Yo con otros,      
con otros, muchos otros,
te vamos expulsando
de la tierra a la luna      
para que allí te quedes
fría y encarcelada
mirando con un ojo      
el pan y los racimos
que cubrirá la tierra
de mañana.  

 Pablo Neruda  

Oda a la esperanza

Crepúsculo marino,
en medio
de mi vida,
las olas como uvas,
la soledad del cielo,
me llenas
y desbordas,
todo el mar,
todo el cielo,
movimiento
y espacio,
los batallones blancos
de la espuma,
la tierra anaranjada,
la cintura
incendiada
del sol en agonía,
tantos
dones y dones,
aves
que acuden a sus sueños,
y el mar, el mar,
aroma
suspendido,
coro de sal sonora,
mientras tanto,
nosotros,
los hombres,
junto al agua,
luchando
y esperando,
junto al mar,
esperando.

Las olas dicen a la costa firme:
“Todo será cumplido".

Pablo Neruda



El viento de la isla

El viento es un caballo:
óyelo cómo corre
por el mar, por el cielo.

Quiere llevarme: escucha
cómo recorre el mundo
para llevarme lejos.

Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola,
mientras la lluvia rompe
contra el mar y la tierra
su boca innumerable.

Escucha como el viento
me llama galopando
para llevarme lejos.

Con tu frente en mi frente,
con tu boca en mi boca,
atados nuestros cuerpos
al amor que nos quema,
deja que el viento pase
sin que pueda llevarme.

Deja que el viento corra
coronado de espuma,
que me llame y me busque
galopando en la sombra,
mientras yo, sumergido
bajo tus grandes ojos,
por esta noche sola
descansaré, amor mío.

Pablo Neruda


jueves, 12 de enero de 2012

Amor mío, si muero y tú no mueres...

Amor mío, si muero y tú no mueres,
no demos al dolor más territorio:
amor mío, si mueres y no muero,
no hay extensión como la que vivimos.

Polvo en el trigo, arena en las arenas
el tiempo, el agua errante, el viento vago
nos llevó como grano navegante.
Pudimos no encontrarnos en el tiempo.

Esta pradera en que nos encontramos,
oh pequeño infinito! devolvemos.
Pero este amor, amor, no ha terminado,
y así como no tuvo nacimiento
no tiene muerte, es como un largo río,
sólo cambia de tierras y de labios.


Pablo Neruda