lunes, 30 de septiembre de 2013

Violetas encantadas

 "Violetas", óleo de Sandra Díaz (Argentina)

Porque te juro que sueño contigo
joven encantada, ven conmigo
mi niña adorada hazme oír dulce voz

quiero agradecerte, me regalas calma
vuelas y comprendes el cosmos infinito
sueltas desde el cielo pétalos de amor
siento que me haces tu calma y tu abrigo
y siendo tu amigo quiero huir con vos.

LukaS

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Demencia musical


                                                                                   "Janis"  óleo de Florencia Menéndez

                                                  A Janis Joplin 

Oh baby....
Me llevas en las brumas apacibles del blues
descentrado mi órbita en la seráfica agonía de tu alma.
Voy hacia el misterio  de tu música,
clavando mi mente en tu entera demencia.

Las notas me muestran sus caras espantadas
y yo bailo de tu mano, descalza y herida.
Olvidando las fatales desdichas y la ira
sintiendo en tu música la bestial criatura del sonido
que se sucede lentamente en su metamorfosis.

Gritamos a la par que nos aventamos al vacío,
sintiendo en el aire la delicia del calor y el frío,
la música nos suspende con sus arrebatos y delirios
y desterramos con voces de burbujas,  el silencio maldito.

Solo estamos tú y yo....
despedazando los cristales del olvido,
vistiendo las hojas del sueño con la música,
sepultadas en los confines arácnidos del blues.

Oh baby...
 Y somos como dos princesas de la noche,
sintiéndonos libres a través de la música,
felices de morir en el sonido,
donde no existe noción alguna del olvido.

Huella
10-09-2013


¡Gracias Mafiqui por ponerle voz a este poema, lo llevaré impregnado de colores por siempre en mi alma! 
 

domingo, 23 de junio de 2013

Helen en soledad

«El vestido de noche»,  óleo de René Magritte

Hubo oscuridad bajo el Cielo
Durante una hora.
La oscuridad que conocemos
Nos fue otorgada como una gracia.
El sol y el mediodía y las estrellas se ocultaron,
Dios abandonó su Trono,
Cuando Helen vino hacia mí, lo hizo,
¡Helen en soledad!

Lado a lado (porque el destino
Nos condenó desde el nacimiento)
Arribamos a las puertas del Limbo
Y miramos hacia la tierra.
Mano sobre mano en medio
De un espanto que el sueño no conoce,
Helen corrió junto a mi, lo hizo,
¡Helen en soledad!

Cuando el Horror que pasa
Se lanzó a nuestra caza,
Cada uno se apoyó en el otro,
Y encontramos fortaleza en el otro.
En los dientes de las Cosas Prohibidas
Y la Razón derrocada,
Helen se paró junto a mi, lo hizo,
¡Helen en soledad!

Cuando, por fin, oímos aquellos fuegos,
Quebrados y muriendo lejos,
Cuando, por fin, nuestro deseo encadenado
Nos arrastró hacia el día;
Cuando, por fin, nuestras almas se libraron
De lo que nos había revelado la Noche,
Helen pasó junto a mí, lo hizo,
¡Helen en soledad!

Déjala ir y encontrar a su amado,
Así como yo he de buscar a mi novia,
Sin conocer la Nada detrás del Limbo
Ni a quienes son encerrados dentro.
Hay un conocimiento prohibido por Dios,
Más de lo que podemos soportar,
Entonces Helen se alejó de mí, lo hizo,
¡Oh, mi alma se alegró de ello!
¡Helen en soledad!

Rudyard Kipling (1865-1936)

Lectura a cargo de Gary

lunes, 10 de junio de 2013

Traición


«Tardes de infancia», óleo de Manuel Tricallotis
 
Este mundo de enfrente se encarama
donde puede y es tuyo sin saberlo,
a tu vida traiciona sin buscarlo
y no tienes la culpa.

                                                    En el pasado
fuiste feliz con la tranquilidad
de aquellos sueños, todas las promesas:
habitaba en tu mente un bosque inmenso
y siempre te asombrabas
con el murmullo de las caracolas.
Te sentías seguro en sus manos, protegido
por la mirada noble y bondadosa del padre.
Detrás de su existencia sólo había
una debilidad única: tú.

                                                           Nunca
más brillarán los ojos como entonces,
víctima de una infancia
demasiado perfecta.

De "Un intruso nos somete", 1997

Juan Carlos Abril 

sábado, 30 de marzo de 2013

Burbujeando un adiós

«Pasión, color de mar», óleo de Roberto Mognier

Hoy la playa se desnuda y me hablan las olas,
levantan el vuelo las gaviotas atrayéndome sus gritos
aquellos que cruzan el aire hasta mis oídos.

Me atrapan los sonidos de ese mar que tanto quiero
mientras siento que mi cuerpo queda enredado en ellos.

La piel es mudo testigo y silencioso es el beso,
aquel que se dibuja desde mis labios a los tuyos,
el mismo que recorre el perfil de nuestros cuerpos,
embriagados ambos por el placer exquisito,
del sentir único e inexplicable de un amor eterno.

Compartiendo esa luz que de ti emana,
que me llena, estremece e invade mi cuerpo por completo.

Y en esos espacios tan profundos de nuestro ser,
sentiremos la furia de las olas, su embate
que bravío y salvaje será el más sublime acto de amor,
en medio de una tormenta que se enfurece por momentos,
elevando la pasión hasta iluminar de luz la oscura noche.

Mientras tanto, la luna observará curiosa
ese amor que se desborda bajo el manto de nubes
que protegen nuestro país de los deseos escondidos.
Ambos, formaremos burbujas invisibles e indivisibles,
dejándonos vivir en un tácito acuerdo.

Por ahora, el reloj del tiempo continuará su camino,
y, en medio de esta realidad,
Viviremos con nuestras propias ausencias.


"Las burbujas de un adiós se elevan al infinito, e intentaremos evitar que mueran en su vacío"

FG© 

Sentidos

«Pareja», óleo de Juan Barco

Quiero con mis sentidos descubrirte.
Mirarte, para aprender las múltiples formas que componen tu cuerpo.
Besar tu boca para saborearte.
Quedarme en silencio, apoyada en tu pecho,  para sentir la música de tu corazón.
Acariciarte, para que mis dedos descubran la textura de tu piel.
Aspirar lento, para llenar mis pulmones de ese perfume tan tuyo.
Quiero sentirte, quiero descubrirte, quiero grabarte en mi mente,

 para así tenerte siempre conmigo, estés donde estés y aún cuando ya no estés.

Buena fibra©

martes, 26 de marzo de 2013

Durazno sangrando



 «Durazno sangrando», de Gustavo Scheverin

Temprano el durazno del árbol cayó
Su piel era rosa dorada del sol
Y al verse en la suerte de todo frutal
A la orilla de un río su fe lo hizo llegar
Dicen que en este valle
Los duraznos son de los duendes

Pasó cierto tiempo en el mismo lugar
Hasta que un buen día se puso a escuchar
Una melodía muy triste del sur
Que así le lloraba desde su interior:

"Quién canta es tu carozo
Pues tu cuerpo al fin tiene un alma

Y si tu ser estalla
Será tu corazón el que sangre

Y la canción que escuchas
Tu cuerpo abrirá con el alba"

La brisa de enero a la orilla llegó
La noche del tiempo sus horas cumplió
Y al llegar el alba el carozo cantó
Partiendo al durazno que al río cayó
Y el durazno partido
Ya sangrando está bajo el agua.

Autor: Luis Alberto Spinetta 

Voz, guitarra  y efectos: Huella