sábado, 29 de septiembre de 2012

Volver a verte

                               Óleo, mujer del sombrero (autor anónimo)
                                                      
                                                                                     A tu regreso, Mafi

Volver a verte y cobijar en mi alma la suavidad de tus palabras,
Aquellas adornadas de  color rosa, con parches celestes que alejan la pena.

Ansiar tus sueños de tristeza  redimida, 
tu afonía melancólica de princesa despierta.

Anhelar tu presencia, y tus recuerdos de angustiosa agonía,
con guitarras azules de herejías dudosas.

Multiplicar para vos la inocente idealidad de las cosas,
Notas de miel, llantos de lluvia con vestiditos de motas.

Ofrecer descanso a nuestro vacío irremediable,
con peludos abrazos de caricias locas. 

Sonar nuevamente las campanas de nuestra alegría,
el murmullo transparente de burbujas que flotan.

Celebrar nuestras vidas que presurosas regresan,
a retomar su aliento de suspiros violetas. 

Y navegar eternamente por las voces ausentes,
por los sentimientos  inmortales que nunca duermen.

Y estar a tu lado y ser flores de una misma rama,
que con su aroma de luna suavizan el alma.

Huella, Daily Jara ©
30-09- 2012


 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Atrapado en el ir y venir

                                   Óleo de Magritte

Atrapado en el ir y venir…
va”una de cal y otra de arena”…
desde lo resplandeciente a lo oscuro
desde lo bueno a lo malo.

De repente, la sensación placentera del ánimo
entonces, protagonista es la euforia en unos cuantos movimientos
hasta se ilumina tu aliento al respirar
y con afectividad: retrato de lo querible y sano.

y de inmediato, la sombra de lo aciago…
o dueña es la congoja para representar ese temor opresivo
o determinante, es afligir con la figura del espanto
o con malicia: contrariando a la virtud, se suma lo ofensivo.

Atrapado en el ir y venir…
de repente, la sensación placentera del ánimo…
y de inmediato, la sombra de lo aciago

va “una de cal y otra de arena”…
entonces, protagonista es la euforia en unos cuantos movimientos
o dueña es la congoja, para representar ese temor opresivo

desde lo resplandeciente a lo oscuro
hasta se ilumina tu aliento al respirar
o determinante, es afligir con la figura del espanto

desde lo bueno a lo malo
y con afectividad: retrato de lo querible y sano
o con malicia: contrariando a la virtud, se suma lo ofensivo.



Ruben J Ayala, del libro "Tratado del viento"


 

sábado, 22 de septiembre de 2012

La vida nueva


                                          Óleo de Ana Pardo

Muchas veces me vienen a la cabeza
la oscura cualidad que me da el Amor
y me tengo lástima y así me digo:

¡Ay de mí!, ¿les pasa esto a otros?;
porque tan hábilmente me asalta el amor
que la vida casi me abandona:
sólo un hilo de espíritu deja medio vivo,
uno que sólo por ti vive y razona.

Luego me esfuerzo, yo deseo salvarme,
y casi muerto, sin ningún valor,
vengo a verte, creyendo así curarme:

y cuando alzo los ojos para observarte
en mi corazón se inicia un terremoto
que suspende en mi alma todos los latidos.


Dante Alighieri


 

domingo, 16 de septiembre de 2012

Enemigo

            «Esperando su amor», óleo de Merche Castro

Mi peor enemigo, tú que me amas
como una ciega lluvia que al caer
escampa, arrecia, escampa. Mi enemigo,
yo te corono amante, pueblo y rey.
Con una hiedra mis cabellos atas
y sabes del lunar que es mi clavel.
Cuando el jazmín de su rocío cuelga
y huele a flor pisada antes de ayer,
con la ronda impaciente de tus pasos
bajo tu sombra vengo a florecer.
Si no te amara, nunca te odiaría.
No te vaya, enemigo, yo a perder.
¿Quién me perdonará? ¿Por quién mis versos
caerán de mi tristeza en el papel?
Tú, mi enemigo. Yo, enemiga tuya.
La muerte no helará nuestro querer.


Delfina Acosta

 








Delirio urgente

     «Soledad», óleo  de Astrid Garrobo

Oh Soledad...maldita herencia de la culpa,
flor marchita de arrugas inertes y salvajes.
Atormentas el afán desarraigado de mi existencia,
llenando mi mente, mi oscuridad con tu demencia.

En ti me recupero,  me enlazo  fuerte a tu piel y siento...
entonces este lúgubre vacío de notas dormidas,
inmuniza el descolorido retrato de tus ojos muertos.

Todo se ensambla en un concierto de mudos rastrojos,
la atmósfera es un enorme horizonte de lejanías absurdas,
una llovizna de frías gotas rebeldes y secas.

Paisajes desérticos bajo lunas partidas,
y gritos desafinados de torturas infecundas.
arrebatando preguntas en sucios papeles ausentes.

Sumergida en ti veo este cielo de muerte,
un llanto de arena, que bajo el sol se siembra.
Eres tan real en la obsesión de la brisa 
que no volveré a verme sin perderte.

Maldita sensación de hastío irreverente,
Despiadado delirio del que su alma pervierte.
¿Cuándo acabará tu lamento de tristes culpas?
¿Cuándo el eco de mi marchitez doliente?

Dejaré presente la huella de tu urgencia,
como un espíritu infinito que replica su condena
en el desvarío absurdo de la conciencia. 


 Huella, Daily Jara ©

17-09-2012

Elegía

        «Elegía», óleo de Miguel Gil

La noche es el escudo
que abarca su mirada,
la tierra que rodea
desde el riesgo a la tumba.
                                 Ya amanece
en la posada del acantilado
donde cuelga un farol
y un letrero que gime en las tormentas
infernales de invierno.

Aquí vibra el dominio de la espada,
mano que empuña su destino
libre y que atraviesa
el territorio de la dignidad.
                               Yo prometo
la tierra de los sueños,
lejana de las leyes de los hombres
que ahora contemplamos.
                               Voz inerte,
viento, nostalgia. No te apresarán
los perros convocados que persiguen
el olor de una muerte fugitiva,
ni cederán el hambre, los pies siempre cansados,
la persistencia del dolor.
                             Yo sé
que este horizonte púrpura consigue,
como fuego y presagio,
el rastro insoportable de la cólera,

la luz de la esperanza. 

Juan Carlos Abril

 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Sueños

        «Maternidad», óleo de Koki Ruiz

Somos tan vulnerables y el cielo tan azul...

Recordé cuando mis padres me dormían en su pecho,
y sus brazos eran inmensas barreras impenetrables....

Entonces escuchaba como latían sus corazones,
en ese tiempo no pensaba, solo sentía...

Con la vida y con la muerte olvidé tantas cosas,
pero un día ya no desperté.

Entonces recordé como late el corazón, pero lo olvidé...

Solo conté tres veces ese sonido,
y después ya no sentí mi corazón latir.

Sé que morí...

Pero después recordé cuando mis padres me dormían en su pecho,
 y sus brazos eran inmensas barreras impenetrables.

Sintiempo