viernes, 4 de mayo de 2012

Se ha muerto la tiniebla en mis pupilas


          «Mujer», óleo de Paula Bladimirsquy

Se ha muerto la tiniebla en mis pupilas,
desde que hallé tu corazón
en la ventana de mi rostro enfermo.

¡Oh pájaro de amor,
que trinas hondo, como un clarín total y solitario,
en la voz de mi pecho!
No hay abandono...
ni habrá miedo jamás en mi sonrisa.

¡Oh pájaro de amor,
que vas nadando cielo en mi tristeza...!
Más allá de tus ojos
mis crepúsculos sueñan con bañarse en tus luces...

¿Es azul el misterio?

Asomada en mí misma contemplando mi rescate,
que me vuelve a la vida en tu destello...

Julia de Burgos

martes, 1 de mayo de 2012

Elefante encadenado

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: –Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a sus destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez... Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad... condicionados por el recuerdo de «no puedo»... Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón...

Jorge Bucay 


       


Silencio

No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
que un silencio sin fin sea tu escudo
y al mismo tiempo tu perfecta espada.

No llames si la puerta está cerrada,
no llores si el dolor es más agudo,
no cantes si el camino es menos rudo,
no interrogues sino con la mirada.

Y en la calma profunda y transparente
que poco a poco y silenciosamente
inundará tu pecho de este modo,

sentirás el latido enamorado
con que tu corazón recuperado
te irá diciendo todo, todo, todo.
  
Francisco Luis Bernárdez

         «Paisaje», óleo de Teo Revilla Bravo

domingo, 22 de abril de 2012

El muro


 "Contorsionistas para el amor", óleo de Oscar Sir Avendaño

Ven, yo invito a bebernos uno al otro,
a tragarnos el aire de tal forma
que ninguno quede fuera.
Ven, te invito a derribar la pesadez del muro
que para nada sirve, por ser muro.
Ven, estoy queriendo que tu piel me alcance,
esa piel, qué próxima y distante para mí.
Tiene fuerza de palabras
y dice lo que no dirás ni dices,
cada vez que te vienes, cuando vienes,
si es que vienes.
Apúrate, que ya no queda tiempo,
y en esta espera hay algo que se atrasa.
Apúrate, que como el húmedo vacío de un bostezo
el corazón puede quedar vacío.
Después, ya nada será fácil,
como no es fácil devolver la llama al fuego
que se ahoga en la tormenta.
Por eso yo invito a bebernos uno al otro,
a tragarnos de tal forma que ni el aire
de los aires quede fuera.
Ahora ya puedes entender si grito, muerdo,
estallo y sangro.
Ven pronto, te exijo derribar el muro,
porque todo amor de lejos, si es que existe,
es de cobardes.

Osvaldo Fasolo

Lectura a cargo de Java


Cuando estemos viejos



               "Pareja de ancianos", óleo de Ines Sabbatini

Cuando estemos viejos
y se nos achique el paisaje en los ojos
y el sol del invierno se nos ponga flojo
y nos cachetee la cara el espejo
cuando estemos viejos
y tiemblen mis manos al tomar las tuyas
y nos falte el llanto
la risa y la bulla
de esos dos diablillos
que ya estarán lejos.

Cuando estemos viejos
cuando estemos solos
cuando no haya nada
y nos duela todo
cuando solo exista la casa vacía
y anden en silencio tu sombra y la mía
nos querremos tanto!
que nuestro cariño
llenará la ausencia de esos dos chiquillos...

Cuando estemos viejos
yo te lo prometo,compañera mía!
serán nuestros años plenos de dulzura
serán nuestras horas llenas de poesía
andaremos juntos,viejitos inquietos
las 4 estaciones de un mundo de nietos
y verás,mi vida,que miente el espejo
pues seremos novios
cuando...estemos viejos...

D. Martín

Lectura a cargo de Java

jueves, 19 de abril de 2012

El cuervo erudito

En la familia de este cuervo se reverenciaba el nombre de Edgar Poe, porque en hermosos versos inmortalizó a un antepasado. Pero -se decía nuestro cuervo-, ¿qué son los versos de antes, comparados con la poesía nueva, tan llena de sorpresas inesperadas, de interpretaciones diversas, donde el metro, el ritmo y la rima son accesorios sin importancia? Con la ayuda de siete diccionarios se dedicó a describir su cosmovisión en versos tan prosaicos o en prosa tan poética, como queráis, que enseguida llamó poderosamente la atención de los entendidos y, a poco de salir de la ineditez, se convirtió en el poeta más traducido de su generación.

 Moraleja: Cría cuervos y te sacarán la fama.


Ana Cháves  de Ferreiro 

        «Cuervo», óleo de Anneris Kondratas

Ortiz Guerrero

Madre selvas de amor y de pena
rosas blancas y lirios de luz
al poeta con calma de estrella
que ha doblado los brazos en Cruz.

El destino cruel o el delito
nunca fue tan absurdo y brutal
al quebrar en mitad del camino
esta vida tallada en cristal.

Del rocío traslucido y sano
suyo fue el dadivoso frescor
de él, el don generoso del árbol
de brindar sombras, frutos y flor.

Coronado de espinas ha muerto
el cantor que fue alondra y león.
Enlutad las guitarras, troveros
y decid la más triste oración.

Darío Gómez Serrato

    «Color, música, poesía», óleo de Rosa Collado Rosich